viernes, 16 de mayo de 2008

Cuentos Meta: MÁS ALLÁ DE LA PROGRAMACIÓN TELEVISIVA

El señor aquel tomó la determinación siguiente: se grabaría cada día con su cámara de vídeo, editaría dichos vídeos según sus pasajeras apetencias, con ellos compondría una programación televisiva que resultara de su momentáneo agrado, finalmente se convertiría en el espectador de… ¡su propia cadena televisiva!

Eso hizo. Y así duró seis semanas que casi son dos meses. Cuando una mañana salió de casa, aquel hombre era un monstruo sin escrúpulos, por otro lado rebosante de resentimientos. No puedo contar lo que sucedió aquella mañana en los hasta el momento apacibles parajes que rodeaban el hogar de aquel señor porque no hay palabras, no señor, no las hay, y si las hubo espero que no las vuelva a haber hasta que la humanidad haya avanzado tanto en sus conocimientos y en la correcta aplicación de estos como para asimilarlas sin resultar lastimados en nuestro ánimo o enturbiada nuestra hora de merienda.

Pero espera, porque no contento con alcanzar tal cima, aquel señor tomó otra determinación, y no menos singular que la anterior. La que sigue: cada día grabaría a los otros con su cámara de vídeo, editaría dichos vídeos según las pasajeras apetencias de los otros, con ellos compondría una programación televisiva que resultara del momentáneo agrado de esos otros, finalmente les obligaría a convertirse en los espectadores de… ¡su propia cadena televisiva!

Eso hizo. Y así ganó mucho dinero.

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