viernes, 16 de mayo de 2008

Cuentos Contados: EL RATONCITO PÉREZ 2.0

Érase una vez un tal Pérez, a quien los habitantes de Lpzfhgs llamaban El Ratón, porque era pequeñito, delgadillo, orejudo, con fino bigote, y siempre iba cubierto con una capa negra y larga cuyo vuelo final asemejaba una cola, una cola negra y larga. Este Pérez, a quién digo que llamaban el Ratón y así le llamaremos nosotros, era además una mala persona malcarada y pendenciera, un buscador de pleitos, un genio de las malas ideas. Imaginaos si era malo, que un día, viendo como una simpática anciana (y muy conocida solterona de Lpzfhgs), daba un traspiés en el puente y caía al río Lpzfhgsrhïn, en lugar de socorrerla se dedicó a tirarle piedras y palos mientras le gritaba ‘que no se casa, abuela, que no se casa’. Otro día, como en el colmado no quedaban arenques, cogió a Helmüt, y tras amordazarlo, maniatarlo, salarlo, y colgarlo de los ganchos del gran almacén congelador del Colmado Herr Helmüt, cerró este con candado y tiró la llave al río Lpzfhgsrhïn, probablemente en el mismo lugar donde falleciera la querida frau Lpzfhgscheisen (el recuerdo de 17 generaciones de la casa Lpzfhgscheisen se ahogó también allí).

Las maldades que perpetraba Pérez, el Ratón, no terminan aquí, eran muchas y muy malvadas, pero no vamos a recrearnos en ellas, porque lo que nos importa es lo que pasó en Lpzfhgs una noche de los despertares de la primavera, la noche del 23 de abril del mil no se cuantos y pico.

Esa noche, el Ratón Pérez estaba en el Café de Fleur, tomándose un vaso de vino rancio y limpiándose los uñeros con la afilada punta de su navaja del trece, cuando entró el Picha en el Café de Fleur. En Lpzfhgs le llamaban el Picha porque siempre estaba diciendo picha, picha por aquí, picha por allá, picha. El Picha. El Picha entró en el Café de Fleur, y tras ocupar una mesa en el fondo del local le pidió a Fleur que le sirviera una absenta. Iba a servírsela Fleur, cuando el Ratón Pérez, imposibilitado para no incordiar, terció en el asunto.

Hola Picha, le dijo el Ratón al Picha mientras se sentaba junto a él. Hola Ratón le respondió el Picha al Ratón. Me han dicho, dijo el Ratón, que le has vendido una cancioncilla de esas tuyas al tipejo ese del banco. Así es, respondió el Picha. Y qué, dijo el Ratón, le has sacado mucha pasta. Pss, para ir tirando. Bueno, pues ahora mismo sacas ese dinerito y me lo estás dando, dijo el Ratón, mientras apoyaba la afilada punta de su navaja en el estómago del Picha. Pero hombre Ratón, dijo el Picha, que estos dinerillos me los he ganado honradamente. Más morbo, dijo el Ratón aumentando la presión con su navaja, dame esas perras ya mismo o te pincho como a frau Lpzfhgscheisen. Pero si a esa la ahogaste, le advirtió el Picha. Pues te pincho como a herr Helmüt. Pero si a ese lo secaste. Bueno, dijo el Ratón, pues serás el primero que pinche, venga esas perras.

Que le vamos ha hacer, se dijo el Picha, mejor le entrego las perras, salvo la vida, y mañana será otro día. Y eso hizo, le entregó sus dineros al Ratón. Y este ya se levantaba y raudo comenzaba su huida, cuando el Picha le dijo, espera, espera, dime al menos para que quieres ese dinero que tanto me ha costado ganar honradamente. Bueno, le dijo el Ratón, verás, quiero cambiar de vida, y con este dinero pienso ir a Berlín para estudiar. ¿Estudiar, tú, para qué?, le preguntó el Picha entre sorprendido y muerto de risa. Quiero ser dentista, le respondió el Ratón.

Silla Jotera

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