Gregorio Sansón, a quien todos en la prisión del Estado conocían como ‘El Tripas’ (apócope de ‘El Tripanosoma’), se despertó aquella mañana de ardoroso invierno convertido en una cucaracha fea, espeluznante.
Por las alegres galerías de la prisión sonaba en ese momento alguna alegre melodía compuesta por Miles Davis para ambientar ‘Ascensor al cadalso’, la película de Louis Malle que nadie de allí dentro había visto. El celador no pudo evitar un grito de terror al abrir la puerta de la celda de Gregorio Sansón y encontrarse aquella cucaracha gigante tumbada en el camastrillo. Y luego ya vinieron los líos administrativos.
Que si como iban a tener encerrada una cucaracha en una prisión para humanos, que si anda que no hay cucarachas por aquí y nos vendrá de una, pero no podrá acudir a los talleres, a la lavandería, y cómo le darán de comer, y encima -ya el colmo- no se le podrá dar garrote vil. ¿O si? ¿Igual lo mejor era llamar a los del control de plagas? El alcalde de la prisión del Estado, que se llamaba Mariano Macartín, pero en la prisión era conocido como ‘El Dionisio de Siracusa’, llamó a su despacho a Gregorio Sansón, ‘El Tripas’, ahora ‘La Cucaracha’, y le dejó las cosas claras. Ni esto no es un hotelillo de cachondeo ni ‘El Tripas’ era la Noemí Campbell, así que si quería continuar recibiendo las atenciones de la institución debería seguir las normas y dejarse de disfraces o metamorfosis. No soy tonto, destacó, y bien se que eso suyo pasa en un libro y no en la vida real.
Gregorio Sansón, alias ‘El Tripas-La Cucaracha’, miró al alcalde con animosos ojillos de insecto voraz. Por aquel entonces Gregorio ya pensaba como una cucaracha. Y era la hora de comer de las cucarachas. Abalanzándose sobre el alcalde comenzó por devorarle la cabeza y terminó comiéndosele hasta el último juanete. Tres horas más tarde se había comido a todos los habitantes de la prisión y buscaba desesperadamente una salida de esta.
Salida que no encontraba. Así que Franqui cogió las hojas escritas, las rompió, y volvió a comenzar. Y escribió: Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.
Silla Jotera
viernes, 16 de mayo de 2008
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